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martes, 30 de septiembre de 2014

MARIPOSA LILY: mi madre es una mujer


La virtud terapéutica de la Mariposa Lily

   Esta esencia permite expresar “Te amo aun sabiendo que no me vas a dar todo, dijo hace tiempo Eduardo Grecco, en Madrid, por el 2002. 
 
Así es, la Mariposa Lily es para renunciar a lo imposible que se imagina como posible: que alguien, alguna vez, me de todo lo que necesito, comenzando por mi madre. 
   Todos padecemos, en menor o mayor medida, de esta ansia de mucho más. Ello condiciona el estilo de aproximación, la demanda de amor, la capacidad de sentirse a gusto y de quedarse con lo recibido para concebir el mundo como un sitio menos árido, más acogedor. Esta esencia procura una saludable independencia que nos aleja de interpretar al otro como una fuente que suministra paliativos para la propia necesidad siempre insatisfecha. Suavemente las relaciones van pasando de la exigencia a la tierna aceptación de lo que sí hay.
   Si Mariposa Lily es para la lúcida percatación de que mamá (y el otro, más adelante) se interesa por diferentes cosas, personas y vocaciones que sólo aquella de ser Mi mamá que me mira solo a mí, entonces, floralmente hablando, un Mariposa Lily positivo es quien puede estar con su mamá dándose cuenta de que está con una mujer. Mamá, además de mi madre, es una mujer diferente a “mi mamá”. Mujer que tiene amigos, que se equivoca, se enamora y hace el amor, que a veces siente placer o no lo siente, que tiene mal humor, que está enferma o goza de salud, que me da lo que necesito pero no siempre, y nunca todo.  Es justamente esta resignación “No soy todo para mamá” lo que interesa construir para desistir del intento de serlo todo para alguien, o de que alguien sea todo para uno, caso contrario el consultante quedará -imaginaria o concretamente- sujeto a la madre como fuente de suministro, esperando aun recibir de ella o de algún otro sobre el que deposite su afecto, eso que nadie puede dar: todo y siempre.
   Escuchando en su madre a la mujer, es que ese hombre hijo de su mamá podrá pasar (amar, vincularse positivamente) a otra mujer; mientras que la mujer recorrerá el camino de ser hija de su mamá a ser mujer y madre.
   Quien ha suministrado o bebido esta esencia por un tiempo, seguramente ha observado la suavización y templanza del discurso que se opera en el consultante cuando hace referencia a la madre. Al fin narra la historia con ella de otro modo, aparece el agradecimiento que es desapego. Justo por eso os dejo con esta hermosa canción compuesta por un viejo amigo: Peteco Carabajal. La dedico a mi madre, Martha Santa Cruz.



Cómo pájaros en el aire
Letra y música: Peteco Carabajal
Interpretada por Mercedes Sosa

Las manos de mi madre
parecen pájaros en el aire,
historias de cocina
entre sus alas heridas
de hambre.

Las manos de mi madre
saben que ocurre
por las mañanas
cuando amasa la vida
hornos de barro
pan de esperanza.

Las manos de mi madre
llegan al patio desde temprano,
todo se vuelve fiesta
cuando ellas vuelan
junto a otros pájaros.
Junto a los pájaros
que aman la vida
y la construyen con el trabajo.
Arde la leña, harina y barro
lo cotidiano
se vuelve mágico.

Las manos de mi madre
me representan un cielo abierto
y un recuerdo añorado:
trapos calientes en los inviernos.
Ellas se brindan cálidas
nobles, sinceras, limpias de todo
¿Cómo serán las manos
del que las mueve
gracias al odio?

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