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martes, 21 de septiembre de 2010

La historia del primer libro de Flores de Bach en español

MISCELÁNEA: Tienda pequeña de esquina


Así nació, en Buenos Aires, en el barrio de Palermo, el primer texto en lengua española sobre las Flores de Bach:  “La medicina floral de Edward Bach” de María Luisa Pastorino

La Dra. Pastorino

Mi primer acercamiento a la terapia floral, alrededor de 1985, año más año menos, fue con un folleto en inglés del Centro Bach de Inglaterra. Así es que en 1987, cuando la médico, homeópata y psiquiatra María Luisa Pastorino publica en la editorial argentina Club de estudio,  “La medicina floral de Edward Bach”, me abalancé sobre uno de estos ejemplares recién editados y bellamente expuestos en la librería Kier de Buenos Aires que, además, venía firmado por ella en bolígrafo azul. Ninguna compra de un libro me resultó nunca tan afortunada como esta.

Quince  años después, en una visita a mi tierra natal, le pedí una entrevista porque quería saber de ella. La Dra. Pastorino era significativa en mi vida. Me recibió en su consulta gracias a la intermediación de un amigo en común, Victor Rubenoff. Había dejado de recibir a personas agradecidas como yo, no se encontraba bien de salud. Entré a su despacho, el escritorio estaba  lleno de papeles, libros, frascos goteros, remedios homeopáticos y algunas cartas natales de pacientes. Hablamos sobre muchas cosas pero recuerdo una en especial: las circunstancias que rodearon la escritura de este libro que hoy comento.

Este es el ejemplar del que os hablo. Está gastado, pegado con celo y encuadernado con espiral de plástico hace 10 años. Resistió una emigración y varias mudanzas, pero aun pueden distinguirse las hojas de un acebo.
Actualmente, lo podéis conseguir en la Editorial Urano que en 1989 lanzó su primera edición después de adquirir los derechos.












María Luisa Pastorino y Florencio Escardó

     Florencio Escardó
Me contó que una tarde la llama el Dr. Florencio Escardó, un médico argentino, lúcido y bondadoso, que estaba por esos días preparando una colección de libros de medicinas alternativas. Escardó había oído hablar sobre las Flores de Bach y le preguntó si ella conocía algo sobre este tema. María Luisa llevaba poco tiempo trabajando con las esencias florales, así es que contestó algo parecido a un tímido sí. No hizo falta más para que el entusiasta médico le encargara un libro sobre el tema.

María Luisa no daba crédito a la propuesta, intentó negarse, pero Escardó era tan entrañable, bella persona y además confiado en el talento de María Luisa, que ¿cómo decirle que no? Así es que aceptó y convino que él le haría el prólogo. En los AGRADECIMIENTOS, dice Pastorino:

“Agradezco al profesor Florencio Escardó, maestro de la medicina argentina, el haberme sugerido y prologado este libro, estimulando así mi esfuerzo para hacerlo y para ahondar y sistematizar mis conocimientos sobre el tema.

Y continuó María Luisa diciendo que, acto seguido, se lanzó sobre los pocos textos en inglés publicados por la editorial inglesa Daniel Company Ltd: “Heal Thyself”, 1979; “The twelve Healers and Other Remedies”, 1979;  y “La curación por las flores” de Edaf, 1980, todos de Edward Bach. Y agregó:
-“Pero no sé qué hubiera hecho sin los de Philip Chancellor”: “Handbook of Bach Flower Remedies”, 1980, también de Daniel Co. Ltd. y “Curación por medio de flores, de la editorial mejicana Yug, 1979.

¿Por qué hoy escribo sobre este libro?

 Porque me quitó el sueño dos noches y aun mantiene despierto mi entusiasmo.
 Porque no podía creer estar leyendo historias clínicas tan bien expuestas.

 Y, por si fuera poco, tuvo el acierto de ilustrar con versos de Espronceda su escrito sobre Clematis:


“Dicha es soñar, y en el mundano ruido
vivir soñando y existir dormido.”








Con los de Jorge Manrique al dar ejemplo de Honeysuckle:


 “Cuán presto se va el placer
 cómo, después de acordado, da dolor; 
 cómo a nuestro parecer, 
  cualquier tiempo pasado
  fue mejor”.





Y con los del poeta argentino Conrado Nalé Roxlo pintó a la Wild Rose:


“La partida de mi vida
juego con tanta pereza
que perderé la partida
por no mover una pieza. 
¿Qué me levante? ¿Qué salga en busca del vellocino?
No hay vellocino que valga
 las fatigas del camino.”


Mi homenaje para ti, querida María Luisa.